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La avenida que lleva su nombre comunica al palacio con los principales edificios de la ciudad: la catedral (construida en 1697), en frente de la cual hay una estatua del rey Cristián IV; el mercado central; los edificios originales de la universidad, fundada en 1811 y el Storting, el parlamento de la nación.

En torno de este centro hay teatros, museos y galerías y muy cerca hay una dedicada a la obra del pintor expresionista noruego Edvard Munch (1863-1943). En las cercanías está también el parque Frogner, donde pueden apreciarse las obras del escultor noruego Gustav Vigeland (1869-1943) y en las afueras están las rampas para saltos de esquí en Holmenkollen, donde se lleva a cabo un tradicional campeonato anual de saltos desde 1892.

La isla de Bygdoy en el puerto, alberga una grandiosa exhibición marítima que contiene barcos vikingos restaurados, el «Fram», barco que usó el explorador noruego Fridtjof Nansen para su viaje a través de los bancos de hielo del Artico en 1893-1896; el «Gjoa», barco que usó Roald Amundsen de Noruega cuando se convirtió, en 1903 en el primer hombre que navegó a través del pasaje noroeste y el «Kon Tiki», la balsa de madera en la cual el antropólogo noruego Thor Heyerdahl cruzó el Pacífico desde América del Sur hasta Polinesia en 1947.

Los productos manufacturados de Oslo son, entre otros, equipo eléctrico, artículos de metal, madera, productos lácteos, máquinas herramientas, sustancias químicas, textiles y barcos.

Bañada por las aguas del Atlántico Norte, Oslo es una ciudad que roza la perfección.

Elegante hasta decir basta, limpia, ordenada y agradable igual que todos sus habitantes, rubios descendientes de los antiguos vikingos, grandes navegantes que en la Noruega de hoy encuentran dignos herederos.

En Oslo pueden encontrarse múltiples indicios de la cercanía del mar; tal vez el más llamativo sea que en las plazas, lejos de haber palomas, son las gaviotas las que cubren los monumentos.